Brujas
Era otoño pero el tiempo acompañaba, llegamos al aeropuerto de Bruselas para descubrir que estábamos ligeramente perdidos. Era imposible entender los carteles, no encontrábamos nuestro tren pero echamos mano del sentido común: “hemos venido a jugar”. El tren nos dejó en la estación central de Bruselas, me pareció una ciudad con encanto pero no acababa de conectar con ella. Me sentía como en un museo: “se mira pero no se toca”. Estaba tenso, sabía que este viaje no entraría en mi lista de viajes para recordar, pero entonces llegó Brujas.
Decidimos coger un tren y pasar el día en Brujas, no sabía que esperar después de la tensión acumulada en Bruselas. Bajé del tren, me puse a recorrer sus calles y mis hombros empezaron a relajarse, fue entonces cuando mi cámara hizo su aparición. Si eres un apasionado de la fotografía no pararás de disparar.
Brujas es una ciudad pequeña y agradable que con su arquitectura y sus canales te traslada a la época medieval. Si quieres hacer un poco de deporte y ver la ciudad desde las alturas te recomiendo que subas a la torre de Belfort. 365 escalones que merecen la pena. Aunque si lo que prefieres es algo más relajado no lo dudes y dirígete a cualquiera de los embarcaderos repartidos por la ciudad, te espera una travesía de lo más tranquila.
PD: los cisnes parecen inofensivos pero son traicioneros, puedes acercarte a ellos pero a la mínima se te lanzan y los tienes colgados de la oreja.